Descripción
La iglesia de San Silvestro, hoy basílica del Cristo Salvador, es el edificio religioso más antiguo que se conserva en Trieste después de la basílica paleocristiana. Se alza en la via del Collegio, al pie de la colina de San Giusto: una sobria iglesia románica con casi mil años de historia.
El edificio es del siglo XI, aunque algunas partes podrían ser más antiguas. Por fuera destacan la fachada románica con sus arquerías y, en el lado izquierdo, el pórtico bajo el campanario, quizá una torre medieval de las fortificaciones de la colina.
El interior tiene tres naves sin ábsides, con techo de armadura de madera. Quedan fragmentos de frescos de principios del siglo XIV, con el emperador Constantino y la Anunciación, y en una columna ha reaparecido la sinopia, el dibujo preparatorio, de un fresco medieval.
En el presbiterio, tres escalones más arriba, hay una placa de mármol con la Última Cena, junto a un crucifijo de hierro forjado del siglo XVIII. En el suelo, delante del altar, todavía se lee una lápida funeraria de 1585 con un escudo.
Su historia da un giro curioso. En 1784 el emperador José II la cerró al culto católico, junto con otras doce iglesias de Trieste, y la sacó a subasta por 1500 florines. La compró la comunidad evangélica helvética, nacida pocos años antes gracias a las patentes de tolerancia del mismo emperador.
Los fieles eran sobre todo inmigrantes suizos de los Grisones, y en 1786 dedicaron la iglesia a Cristo Salvador. De 1927 a 2020 la compartieron con los valdenses: desde hace más de dos siglos es una iglesia protestante.
Una leyenda de la Baja Edad Media cuenta que aquí estaba la casa de Eufemia y Tecla, dos mártires triestinas del año 256. En realidad el culto de las dos santas llegó de Grado, y Trieste las adoptó como propias solo en la Edad Media.
En el siglo XVII los jesuitas la habían revestido de formas barrocas. En 1927, tras los daños de un terremoto, el arquitecto Ferdinando Forlati quitó los adornos barrocos del exterior y le devolvió su aspecto románico. Al año siguiente la iglesia fue declarada monumento nacional.
El edificio es del siglo XI, aunque algunas partes podrían ser más antiguas. Por fuera destacan la fachada románica con sus arquerías y, en el lado izquierdo, el pórtico bajo el campanario, quizá una torre medieval de las fortificaciones de la colina.
El interior tiene tres naves sin ábsides, con techo de armadura de madera. Quedan fragmentos de frescos de principios del siglo XIV, con el emperador Constantino y la Anunciación, y en una columna ha reaparecido la sinopia, el dibujo preparatorio, de un fresco medieval.
En el presbiterio, tres escalones más arriba, hay una placa de mármol con la Última Cena, junto a un crucifijo de hierro forjado del siglo XVIII. En el suelo, delante del altar, todavía se lee una lápida funeraria de 1585 con un escudo.
Su historia da un giro curioso. En 1784 el emperador José II la cerró al culto católico, junto con otras doce iglesias de Trieste, y la sacó a subasta por 1500 florines. La compró la comunidad evangélica helvética, nacida pocos años antes gracias a las patentes de tolerancia del mismo emperador.
Los fieles eran sobre todo inmigrantes suizos de los Grisones, y en 1786 dedicaron la iglesia a Cristo Salvador. De 1927 a 2020 la compartieron con los valdenses: desde hace más de dos siglos es una iglesia protestante.
Una leyenda de la Baja Edad Media cuenta que aquí estaba la casa de Eufemia y Tecla, dos mártires triestinas del año 256. En realidad el culto de las dos santas llegó de Grado, y Trieste las adoptó como propias solo en la Edad Media.
En el siglo XVII los jesuitas la habían revestido de formas barrocas. En 1927, tras los daños de un terremoto, el arquitecto Ferdinando Forlati quitó los adornos barrocos del exterior y le devolvió su aspecto románico. Al año siguiente la iglesia fue declarada monumento nacional.