Descripción
El Museo de Historia Natural de Trieste guarda más de dos millones de piezas de botánica, zoología, geología y paleontología. Es la casa de un dinosaurio triestino casi completo y de un tiburón blanco de más de cinco metros: una visita que conquista a niños y adultos.
Desde 2010 el museo ya no está en la piazza Hortis: sus salas se trasladaron a los antiguos cuarteles de la via Cumano, con entrada por la via dei Tominz, en el mismo complejo que alberga el Museo de la Guerra por la Paz Diego de Henriquez.
La estrella es Antonio, un hadrosaurio que vivió hace 75 millones de años y fue hallado en el Villaggio del Pescatore, en la provincia de Trieste. Con 4 metros de largo y 1,3 de alto, es uno de los dinosaurios más completos jamás descubiertos. Vivía en una isla del antiguo océano de Tetis, entre África y el norte de Europa.
Un poco más allá nada, inmóvil desde hace más de un siglo, Carlotta: un tiburón blanco de 5,4 metros pescado en 1906 en el golfo de Kvarner. Es el tiburón conservado más grande de Europa, y en persona su tamaño impresiona.
Las salas de la cadena alimentaria ordenan a los animales según quién se come a quién, cada uno mirando hacia su propia comida. La última sala lleva el recorrido a la ciudad, entre las especies que han aprendido a vivir junto al ser humano.
Entre las aves, más de cinco mil ejemplares de 550 especies, destacan rarezas como el kakapo de Nueva Zelanda, el quetzal mexicano y las aves del paraíso de Nueva Guinea. Las salas de la fosilización cuentan, en cambio, cómo nació el Karst, entre conchas fósiles y huesos de oso de las cavernas.
Una pieza pequeña pero sorprendente es la mandíbula de Lonche, de más de 6400 años. En un diente lleva la prueba arqueológica más antigua de un empaste: la cavidad se raspó y luego se rellenó con cera de abeja.
El museo nació en 1846 como gabinete zoológico y poco después quedó bajo la protección del archiduque Fernando Maximiliano, el futuro emperador de México que construyó Miramare. Muchas piezas llegaron de las expediciones de la época, como la vuelta al mundo de la fragata austriaca Novara.
Desde 2010 el museo ya no está en la piazza Hortis: sus salas se trasladaron a los antiguos cuarteles de la via Cumano, con entrada por la via dei Tominz, en el mismo complejo que alberga el Museo de la Guerra por la Paz Diego de Henriquez.
La estrella es Antonio, un hadrosaurio que vivió hace 75 millones de años y fue hallado en el Villaggio del Pescatore, en la provincia de Trieste. Con 4 metros de largo y 1,3 de alto, es uno de los dinosaurios más completos jamás descubiertos. Vivía en una isla del antiguo océano de Tetis, entre África y el norte de Europa.
Un poco más allá nada, inmóvil desde hace más de un siglo, Carlotta: un tiburón blanco de 5,4 metros pescado en 1906 en el golfo de Kvarner. Es el tiburón conservado más grande de Europa, y en persona su tamaño impresiona.
Las salas de la cadena alimentaria ordenan a los animales según quién se come a quién, cada uno mirando hacia su propia comida. La última sala lleva el recorrido a la ciudad, entre las especies que han aprendido a vivir junto al ser humano.
Entre las aves, más de cinco mil ejemplares de 550 especies, destacan rarezas como el kakapo de Nueva Zelanda, el quetzal mexicano y las aves del paraíso de Nueva Guinea. Las salas de la fosilización cuentan, en cambio, cómo nació el Karst, entre conchas fósiles y huesos de oso de las cavernas.
Una pieza pequeña pero sorprendente es la mandíbula de Lonche, de más de 6400 años. En un diente lleva la prueba arqueológica más antigua de un empaste: la cavidad se raspó y luego se rellenó con cera de abeja.
El museo nació en 1846 como gabinete zoológico y poco después quedó bajo la protección del archiduque Fernando Maximiliano, el futuro emperador de México que construyó Miramare. Muchas piezas llegaron de las expediciones de la época, como la vuelta al mundo de la fragata austriaca Novara.