Descripción
El Parque del Castillo de Miramare es el jardín que el archiduque Maximiliano de Habsburgo creó alrededor de su castillo, en el promontorio de Grignano, a pocos kilómetros al norte de Trieste: 22 hectáreas de árboles exóticos, paseos y estanques asomados al golfo.
Cuando empezaron las obras, en la primavera de 1856, el promontorio era una roca kárstica casi desnuda, con algún arbusto espinoso. Maximiliano, apasionado de la botánica, hizo de él su jardín de las maravillas. No lo olvidó ni siquiera en México, desde donde siguió enviando plantas.
El parque es de estilo inglés: senderos sinuosos, cursos de agua, praderas y árboles dispuestos como en la naturaleza, siguiendo las irregularidades del terreno. El diseño es del arquitecto austriaco Carl Junker, el mismo del castillo; para las plantas el archiduque llamó primero a Josef Laube y luego al bohemio Anton Jelinek.
Entre los protagonistas están los árboles llegados de lejos: cedros del Líbano, del norte de África y del Himalaya, abetos de España, cipreses de California y de México, pinos de Asia y de América, una secuoya gigante y el ginkgo. Muchas plantas las eligió Maximiliano en sus viajes como almirante.
Entre el verde aparecen el Castelletto, donde la pareja vivió mientras se construía el castillo, los invernaderos y las ruinas de la capilla de San Canciano. En el ábside hay una cruz hecha con la madera de la fragata Novara, el barco de Maximiliano.
Junto al estanque de los cisnes se alza la Casa suiza, hoy una cafetería.
Miramare nació como jardín privado: no tiene una entrada monumental ni un paseo que lleve directamente al castillo. Aun así, Maximiliano lo abría a la gente corriente un par de días a la semana.
Su historia tiene también un lado triste. En 1864 Maximiliano partió de aquí para convertirse en emperador de México, donde fue fusilado tres años después. Su esposa Carlota, de vuelta en Miramare, mostró signos de desequilibrio y fue recluida en el Castelletto.
Después de la Segunda Guerra Mundial el conjunto fue el cuartel general de las tropas aliadas hasta 1954. Al año siguiente el parque volvió a abrirse al público.
Cuando empezaron las obras, en la primavera de 1856, el promontorio era una roca kárstica casi desnuda, con algún arbusto espinoso. Maximiliano, apasionado de la botánica, hizo de él su jardín de las maravillas. No lo olvidó ni siquiera en México, desde donde siguió enviando plantas.
El parque es de estilo inglés: senderos sinuosos, cursos de agua, praderas y árboles dispuestos como en la naturaleza, siguiendo las irregularidades del terreno. El diseño es del arquitecto austriaco Carl Junker, el mismo del castillo; para las plantas el archiduque llamó primero a Josef Laube y luego al bohemio Anton Jelinek.
Entre los protagonistas están los árboles llegados de lejos: cedros del Líbano, del norte de África y del Himalaya, abetos de España, cipreses de California y de México, pinos de Asia y de América, una secuoya gigante y el ginkgo. Muchas plantas las eligió Maximiliano en sus viajes como almirante.
Entre el verde aparecen el Castelletto, donde la pareja vivió mientras se construía el castillo, los invernaderos y las ruinas de la capilla de San Canciano. En el ábside hay una cruz hecha con la madera de la fragata Novara, el barco de Maximiliano.
Junto al estanque de los cisnes se alza la Casa suiza, hoy una cafetería.
Miramare nació como jardín privado: no tiene una entrada monumental ni un paseo que lleve directamente al castillo. Aun así, Maximiliano lo abría a la gente corriente un par de días a la semana.
Su historia tiene también un lado triste. En 1864 Maximiliano partió de aquí para convertirse en emperador de México, donde fue fusilado tres años después. Su esposa Carlota, de vuelta en Miramare, mostró signos de desequilibrio y fue recluida en el Castelletto.
Después de la Segunda Guerra Mundial el conjunto fue el cuartel general de las tropas aliadas hasta 1954. Al año siguiente el parque volvió a abrirse al público.